“Mi Primer Día Con Álvaro” por MP.

Inocente paseo por Madrid, buscaba una cafetería cerca de Atocha en la que desquitarme del frío de diciembre mientras mi chico estaba en una reunión de trabajo. De repente, un pantalón rojo cruza la calle corriendo como loco y se planta frente a mi, me quedé helada y no de frío precisamente.

Conversación y media después, me doy cuenta de que voy caminando con él hacia Sol. Sin café. Sin frío… Estaba atrapada y con novio, pero es que era demasiado fácil dejarse llevar con él. Con miedo en el estómago y ardor entre las piernas nos despedimos y nos intercambiamos los números de teléfono, ambos éramos conscientes de que aquello no podía acabar ahí, sólo cabía esperar.

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Meses más tarde, ya sin novio, se me plantea un viaje a la capital y lo primero que se dibuja en mi imaginación es su nombre y las ganas de pasarlo bien. ¿Álvaro? Sí, Álvaro. Con más nervios que vergüenza quedamos para comer en la puerta de un restaurante chino (¿o era japonés? Me daba igual, yo allí había ido a por el postre). Comimos, bebimos, reímos y los grados en la conversación eran cada vez más altos, éramos gasolina y mechero, teníamos ganas de postrearnos…

Hora y media después estaba rodeada de espejos y con las braguitas en paradero desconocido. Teníamos cuatro horas por delante, por detrás y muchas ganas de marcha. Cuando le tenía frente a mí pensé, “¡joder! menudo hombre” Creo que no pude evitar que se me notara que me gustaba lo que veía y es que hay hombres que tienen cara de saber muy bien comerse un coño.

Dicen que el placer es consecuencia del conocimiento y que el morbo se encuentra en lo desconocido, pues bien, yo aquella tarde no era capaz de distinguir el morbo del placer ni el placer del morbo, lo que sí sé es que me corría de lo lindo, que temblaba y que mis gemidos se oían desde la calle.

Aquella tarde follamos todo lo que pudimos aunque no todo lo que quisimos, aquella tarde aprendí a distinguir el amor del sexo. Porque no hay amor sin sexo, pero sexo sin amor puede haber mucho y muy bueno (y encima es sano).

Nos pedimos en el metro, beso apasionado y mensaje a los 5 minutos cual pareja de enamorados. Llevaba la sonrisa en mis labios, en todos.

Y ahora, un año después, confieso que tengo ganas de más, que yo quiero repetir porque como dije antes, hay hombres que tienen cara de saber muy bien comerse un coño…

MP.

Comments

  1. Bien Alvaro, veo que los pantalones rojos funcionan para dejar una experiencia única y tambien que las dejamos mejor de como las encontramos, genial!

  2. Buen textaco que te has marcado Álvaro Reyes

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